En cualquier situación de la vida, vamos a encontrar problemas. Pueden ser problemas en el trabajo, con nuestra pareja, con nuestros hijos u otros familiares.
Los problemas son una parte de la vida, y la gente tiende a responder de formas diferentes según su estilo.
Vamos a ver como los cuatro estilos DISC afrontan los problemas – ambos en un entorno con otras personas y si el problema es personal.
Hoy vamos a mirar el estilo D.
En general, si vas a hablar con un D sobre un problema, cambia la palabra “problema” a obstáculo. Las personas con el estilo D alto tienden a ver los problemas como obstáculos para vencer, y al usar la palabra obstáculo es más fácil tener la ayuda del D para resolver el problema.
Cómo aborda un problema el estilo Dominante
- Va directo al grano. Identifica rápidamente cuál es el problema y qué resultado quiere. No se detiene mucho en el análisis previo.
- Decide rápido. Prefiere actuar con la información disponible antes que esperar a tener todos los datos. Tolera bien el riesgo.
- Toma el control. Asume el liderazgo, asigna tareas y espera que se cumplan.
- Se enfoca en resultados. Lo que importa es solucionar el problema, no tanto cómo se siente el equipo durante el proceso.
- Ve los obstáculos como retos. Los problemas lo motivan, y la competencia o la presión suelen activarlo.
Fortalezas
- Rapidez y determinación.
- Capacidad de actuar en crisis.
- No se paraliza ante la incertidumbre.
Puntos ciegos
- Puede pasar por alto detalles importantes o los riesgos.
- Escucha poco otras opiniones o puede parecer autoritario.
- Puede generar tensión en el equipo por su impaciencia.
- Tiende a imponer su solución en lugar de construirla en conjunto.
Cómo trabajar con una persona Dominante
- Preséntale el problema con claridad y brevedad – usa “obstáculo” en vez de “problema”.
- Ofrécele opciones y deja que él decida.
- Habla de resultados y de plazos, no des rodeos.
Cuando el problema es suyo personal, el estilo D funciona así:
- Define el problema en una frase. Lo reduce a lo esencial: “esto no funciona, necesito que funcione”.
- Decide qué resultado quiere. Piensa en el objetivo final, no en todos los pasos intermedios.
- Actúa de inmediato. Prefiere probar una solución y corregir sobre la marcha antes que analizar durante mucho tiempo.
- Elimina lo que estorba. Si algo o alguien lo frena, tiende a saltárselo, delegarlo o cortarlo.
- Asume el control. Intenta resolverlo por sí mismo y le cuesta pedir ayuda, porque lo vive como una pérdida de control.
- Mide por resultados. Si la solución funciona, sigue; si no, cambia de estrategia rápidamente, sin darle muchas vueltas a lo que falló.
Dónde puede fallar cuando el problema es suyo
- Se precipita y resuelve el síntoma en lugar de la causa.
- Evita pedir ayuda o consejo, aunque lo necesite.
- Ignora el factor emocional (el suyo y el de otros implicados).
- Si la solución no funciona rápido, puede frustrarse o culpar a factores externos.
Qué le ayuda
- Detenerse unos minutos a confirmar la causa real antes de actuar.
- Consultar a una persona de confianza que le diga las cosas con franqueza.
- Revisar qué detalles o riesgos está dejando fuera.
Aina Riegel